comer saludable

¿Por qué comer saludable nos parece aburrido? 

4 de noviembre de 2026 34

Cuando pensamos en comer de manera saludable, a veces imaginamos platos poco apetecibles, sin gracia, o comidas que elegimos por obligación. Pero ¿por qué asociamos cuidar nuestra alimentación con renunciar al sabor o incluso a disfrutar de la comida? La nutrición y la gastronomía tienen mucho que decir sobre cómo cambiar esa percepción.

La clave quizá no esté en convencernos de que debemos comer algo «porque es sano», sino en conseguir que también nos apetezca. Y para eso cuentan la preparación, los colores, la textura, la presentación e incluso el entorno en el que comemos.

¿Por qué relacionamos lo saludable con lo aburrido?

Gregorio Varela, catedrático de Nutrición y Bromatología y director del Instituto Universitario CEU Alimentación y Sociedad de la Universidad CEU San Pablo, considera que uno de los grandes retos consiste en que nutrición, dietética y gastronomía trabajen juntas para desmontar ese tópico. Porque no es así y, desde luego, no tiene que ser así.

La afirmación parece sencilla, pero cambia la perspectiva: no basta con recomendar alimentos saludables; también debemos pensar en cómo hacerlos atractivos. Una recomendación puede ser nutricionalmente correcta y, sin embargo, resultar poco útil si nadie encuentra la manera de incorporarla a sus comidas habituales.

Varela lo explica con un ejemplo cercano. Si a los niños o a los jóvenes les decimos que deben comer acelgas, espinacas o verduras, sin dar unas pautas de cómo cocinarlas, como prepararlas o presentarlas, para hacerlas más atractivas, vamos a fracasar rotundamente.  Sobre todo, cuando tienen delante otras alternativas que les resultan más apetecibles.

El gusto no es un detalle secundario. Es parte de lo que hace posible mantener unos hábitos alimentarios en el tiempo.

No se trata solo de qué comemos, sino de cómo lo preparamos

¿Y si, en lugar de presentar las verduras como una obligación, las incorporamos a platos que ya nos gustan? Varela propone combinarlas con arroz, pasta o legumbres, aprovechando preparaciones conocidas y bien aceptadas. En un país como el nuestro con tanta creatividad gastronómica no va a ser difícil encontrar diferentes maneras de preparar el mismo ingrediente, para favorecer ese atractivo que buscamos.

También, Varela, invita a prestar atención a las formas y a los colores. Una misma combinación de alimentos puede despertar sensaciones distintas según cómo llegue al plato. No hace falta convertir cada comida en una receta elaborada: a veces basta con variar la preparación, probar otra combinación o cuidar un poco más la presentación.

Esta idea es especialmente útil en la infancia, cuando se están construyendo preferencias y costumbres. Pero no se limita a los más pequeños. Los adultos también elegimos en función de lo que nos gusta, y eso obliga a pensar en el placer como parte de una alimentación equilibrada.

Comer saludable no debería significar comer siempre lo mismo ni resignarse a platos sin atractivo.

¿Qué ocurre cuando el apetito disminuye?

Gregorio Varela recuerda que, en algunas personas mayores, la pérdida de apetito puede hacer que preocupe una ingesta insuficiente. 

En esos casos, un comedor poco acogedor o una oferta de platos monótona no ayudan. El experto menciona proyectos en los que se ha trabajado sobre el entorno de los comedores y sobre características de los alimentos, como su sabor y color, para hacer más atractiva la experiencia.

Aquí el mensaje adquiere otra dimensión: cuidar la presentación y el ambiente puede formar parte de la atención a las necesidades de quienes comen. No es solo decoración; es una forma de prestar atención a la relación que mantenemos con la comida.

Eso sí, las necesidades nutricionales de las personas mayores son diversas y cualquier dificultad persistente para comer requiere valoración profesional. La presentación ayuda a mejorar la experiencia, pero no sustituye esa atención.

El cerebro también participa en cómo percibimos el sabor

Daniel Martínez Maqueda, investigador gastrocientífico del Centro de Innovación Gastronómica IMIDRA, introduce otro elemento fascinante: las propiedades sensoriales de los alimentos pueden influir en cómo los percibimos.

Al reformular un producto alimentario, explica, suele ponerse el foco en reducir determinados componentes, como la sal, el azúcar o algunas grasas. Sin embargo, si al hacerlo se descuida su atractivo, quizá el consumidor no lo disfrute tanto.

La alternativa es pensar también en la experiencia de quien lo va a comer: su aspecto, su textura y las sensaciones que despierta. Un alimento reformulado que sigue resultando agradable tiene más posibilidades de encajar en las preferencias de las personas.

Martínez Maqueda menciona incluso un ejemplo llamativo: se ha visto que, por ejemplo, la forma redondeada de un alimento puede inducirnos a que lo percibamos como más dulce. Si reformulamos un alimento y reducimos su cantidad de azúcar, una opción para mejorar su aceptación y que el cerebro mantenga una asociación con lo dulce, puede ser darle una forma más circular o redondeada al producto, elaboración, o  alimento del que estemos hablando. Eso no quiere decir que una forma determinada transforme automáticamente un alimento en saludable, ni que el efecto sea igual para todo el mundo. Significa que la percepción del sabor es más compleja de lo que parece y que el diseño de los alimentos puede aprovechar ese conocimiento.

Nutrición y gastronomía: mejor juntas

Durante mucho tiempo, el discurso sobre alimentación saludable ha puesto el acento en lo que conviene comer o limitar. Esa información es importante, pero por sí sola no siempre resuelve la pregunta cotidiana: ¿cómo hago para que me guste?

La gastronomía puede ayudar a responderla. No para disimular ingredientes ni para convertir cada plato en un espectáculo, sino para encontrar preparaciones agradables, accesibles y compatibles con una alimentación variada.

Varela insiste en que uno de los grandes retos que tiene la nutrición, la dietética y la gastronomía es precisamente trabajar de manera conjunta para quitar ese cliché de que comer de manera saludable es aburrido. Porque no es así y desde luego, no tiene que ser así. Pero claro hay que tener “imaginación al poder” y luego esforzarnos en ese sentido.

Y quizá ahí esté el cambio más importante: dejar de presentar la alimentación saludable como una lista de renuncias y empezar a pensarla también como una oportunidad para descubrir sabores y disfrutar de la mesa.

¿Cómo hacer más apetecible una alimentación saludable?

Las ideas de ambos expertos se pueden llevar a la práctica sin grandes complicaciones. Podemos combinar verduras con platos que ya disfrutamos, probar distintas maneras de cocinarlas, jugar con colores y texturas o prestar más atención al ambiente en el que comemos. Son pequeños cambios que no sustituyen los criterios nutricionales, pero pueden hacer más fácil aplicarlos.

También conviene recordar que los gustos no son idénticos para todos. Lo que a una persona le parece delicioso quizá no atraiga a otra. Por eso encontrar opciones saludables que realmente nos apetezcan suele ser más útil que seguir un menú rígido que vivimos como un castigo.

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