Hoy en día existen numerosas recomendaciones sobre qué y cómo deberíamos comer. Asimismo, podemos encontrar distintas guías dietéticas que tratan de encaminar nuestra alimentación, y aunque todas tienen ciertas pautas comunes, lo que si es verdad es que todavía no contamos con una definición universal de dieta saludable.
Esto es así porque, desde el punto de vista nutricional, no podemos decir que existe una única dieta saludable, sino muchos y muy variados patrones alimentarios que se pueden considerar equilibrados y dirigidos a mejorar la salud.
Si bien la mayoría de nosotros podemos intuir qué elementos compondrían las dietas saludables, y creemos que deberíamos comer en esa línea, lo cierto es que nos cuesta, no lo hacemos, o quizás no sepamos del todo bien cómo hacerlo, o cómo incorporar ciertas pautas.
Para ayudarnos a comprender e interiorizar algunos de los elementos clave de comer por y para nuestra salud, así como para hacerlo teniendo en cuenta nuestras necesidades y las barreras con las que podemos toparnos, tenemos a varias expertas que nos ayudarán a aclararlo.
La nutricionista y psicóloga Juana María Fernández lo explica sin rodeos: hemos asociado comer saludable a dieta y también hemos asociado comer saludable a quitar, a prohibir, a restringir…
Y es cierto, durante años la idea de “cuidarse” se ha mezclado con mensajes que nos empujan a restringir, eliminar alimentos y vivir en vigilancia constante frente al plato. Esto ha llevado a que mucha gente piense que comer saludable significa comer aburrido, sin sabor, sin variedad y sin disfrutar.
Nada más lejos de la realidad.
Vivimos rodeados de información nutricional: etiquetas, influencers, artículos, vídeos, consejos virales… Pero paradójicamente, como señala Jara Pérez Jiménez (investigadora del CSIC), …estamos menos informados de lo que solemos pensar.
A esto se suma la presencia de personas que se autodenominan expertas en redes sociales sin tener formación rigurosa. Sus mensajes, muchas veces extremos o simplificados, generan confusión, miedo o culpa en la población. Por eso, más que nunca, es importante buscar información fiable, basada en ciencia y no en tendencias pasajeras.
Uno de los errores más habituales es pensar que un alimento o bebida procesado es sinónimo de malo o, por lo menos, de peor calidad. Y la catedrática Montaña Cámara se muestra rotunda para desmentirlo: Los alimentos procesados son imprescindibles dentro de una dieta saludable y equilibrada. ¿Sabías que, si no procesáramos los alimentos, muchos de ellos, incluso algunos muy básicos, se quedarían fuera de nuestra dieta?
Cámara expone una serie de ejemplos que nos sirven para entender su opinión. En algunos casos el procesamiento es absolutamente necesario, por ejemplo, las legumbres o los cereales. Se habla mucho de consumir cereales de grano entero, pero no podemos hacerlo directamente. Por eso es fundamental procesarlos para poder consumirlos y aprovechar sus propiedades alimentarias.
La clave no está en demonizar el término procesado, lo que tenemos que valorar es la dieta en su conjunto, aclara Cámara, y añade, en una dieta saludable debe haber una presencia importante de alimentos frescos y que el grado de procesado de los alimentos debe ser el adecuado para cada tipo de producto.
Por eso, no necesitamos tener miedo, sino criterio. Y ese criterio solo se obtiene acudiendo a información rigurosa.
Frente a tanta confusión, Juana María Fernández propone una fórmula sencilla y muy útil: Las 4 S de la alimentación saludable, que deberían ser tu brújula diaria.
La comida debe aportar la energía y nutrientes necesarios: hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua. Ni por encima, ni por debajo.
Pasarse es perjudicial, pero quedarse corto también: genera fatiga, mala relación con la comida y puede afectar a la salud física y mental.
No se trata de comer poco, sino de comer lo que nos deje satisfechos.
La saciedad es clave para evitar el picoteo constante o la sensación de estar “peleando” con el hambre todo el día.
Sí, comer bien tiene que ser agradable.
Si una alimentación no te gusta, no durará. Y si no dura, no sirve.
El placer no es un enemigo, es un componente esencial.
La mejor dieta es la que puedes mantener sin obsesión ni sufrimiento.
Debe adaptarse a tu edad, a tu ritmo de vida, a la actividad física, al trabajo que desarrollas, a tu economía, a tus gustos, a tu tiempo disponible.
La cocinera y divulgadora Lola Bernabé lo dice alto y claro: Que saludable no puede ser sabroso es una de las grandes mentiras.
La confusión viene de creer que comer sano significa comer siempre lo mismo (normalmente, verduras hervidas y pechuga a la plancha). Pero la realidad es que la cocina saludable puede ser increíblemente rica, variada y creativa.
Hay mucha vida más allá del calabacín y el jamón cocido. Comenta Lola y añade: Lo que no podemos pretender es que un plato esté rico y sea saludable, sin dedicarle un poco de tiempo y sentido común.
Eso no significa que tengamos que estar todo el tiempo metidos en la cocina, pero sí es importante dejar de pensar que la salud y el placer están enfrentados. Pueden ir de la mano… y deben hacerlo.