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¿Comemos por ansiedad o tenemos ansiedad por comer?

17 de marzo de 2026 86

La ansiedad y nuestra manera de comer están relacionadas de una manera más compleja de lo que parece. Eso puede provocar que, en alguna ocasión confundamos ideas, necesitemos justificar lo que nos pasa y terminemos culpando a la comida por emociones que, en realidad, no tienen mucho que ver con ella.

“Tengo ansiedad por comer”, “como por ansiedad”, “la comida me da ansiedad”, … ¿significa todo lo mismo? La respuesta es no. Y entender sus diferencias puede ayudarnos a vivir la alimentación con menos miedo y más calma.

Comer por ansiedad no es lo mismo que ansiedad por comer

La nutricionista y psicóloga Juana María Fernández lo explica de forma muy clara: no es lo mismo comer por ansiedad que tener ansiedad por comer.

Cuando hablamos de comer por ansiedad, nos referimos a una conducta. Es decir, estamos comiendo como respuesta a una emoción desagradable: nerviosismo, angustia, miedo, tristeza o estrés. En este caso, es el resultado de la ansiedad. Estoy comiendo porque tengo ansiedad. Ansiedad que nada tiene que ver con la comida. La ansiedad ya estaba ahí antes de comer.

En cambio, cuando hablamos de ansiedad por comer, es la propia comida la que genera el malestar. Puede ser, como indica Fernández, porque quiero evitarla, sea porque tiene significados, sea porque tenga una mala relación con la comida. Aquí, la comida se convierte en el foco de la ansiedad.

Distinguir ambas situaciones es clave, porque no se abordan de la misma manera. Confundirlas solo aumenta la frustración y refuerza una relación difícil con la comida.

¿Cómo puedo reducir la ansiedad?

Cuando la ansiedad aparece, solemos buscar soluciones rápidas y complejas. Sin embargo, una de las herramientas más eficaces es también la más básica: respirar.

La psicóloga Lucía Hernández de Lorenzo recuerda algo que a menudo pasamos por alto: cuando estamos estresados, muchas veces respiramos mal. El diafragma se bloquea, la respiración se vuelve superficial y el cuerpo entra en un estado de alerta constante.

Hernández de Lorenzo apunta que una fórmula súper rápida para todo el mundo sería inspirar menos tiempo del que exhalas. Porque muchas veces cuando estamos bajo mucho estrés estamos sobre oxigenando. Esto ayuda a que el sistema nervioso se calme. Es muy útil centrarnos en hacer una respiración consciente cinco minutos, y añade que vas a notar ya la diferencia y la sensación somática ya va a ser distinta. 

No se trata de eliminar la ansiedad, sino de bajar revoluciones para poder decidir con más claridad qué necesitamos en ese momento.

Mitos alimentarios relacionados ansiedad

Otra posible generadora de ansiedad es la desinformación. Los mensajes contradictorios, las prohibiciones absolutas y los mitos que circulan a diario crean un caldo de cultivo perfecto para el miedo a comer “mal”.

La doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Jara Pérez Jiménez, señala que no basta con desmontar un mito concreto. Lo útil es dar herramientas para que la gente en su día a día, cuando le llega una información por el móvil, a través de un pariente o como sea, pueda identificar si está o no ante una información rigurosa. Al final eso es lo que puede reducir más este nivel de ansiedad que existe, no solo combatir lo que está circulando hoy, porque mañana van a aparecer otros 10 argumentos nuevos.

Cuando aprendemos a cuestionar mensajes alarmistas, promesas milagro o afirmaciones categóricas, reducimos de forma notable la ansiedad. No porque sepamos más datos, sino porque dejamos de sentir que estamos constantemente haciéndolo mal.

La ansiedad disminuye cuando dejamos de vivir la alimentación como un examen continuo.

Cocinar como espacio de regulación emocional

En este contexto, la cocina puede jugar un papel mucho más importante del que imaginamos. No solo como un medio para alimentarnos, sino como un espacio de cuidado emocional.

La cocinera y divulgadora, Lola Bernabé, destaca que la cocina es básica para el equilibrio emocional de las personas, especialmente cuando se comparte. Cocinar en familia, en pareja o con compañeros de piso permite crear espacios de conversación y dedicar un rato a hacer balance del día, a cómo va a ser el resto de la semana… añade Bernabé.

No se trata de hacer platos elaborados ni de pasar horas frente a los fogones. Pero aprovechar esa obligación que tenemos de alimentarnos para compartir las emociones, para equilibrar un mal día o compartir un buen día.

La comida no es tu enemigo

Cuando la ansiedad se mezcla con la alimentación, es fácil caer en la trampa de pensar que la comida es el problema. Pero, como muestran todas estas miradas, la comida rara vez es la causa. Por eso es importante recordar la necesidad de vivir con menos miedo, cuando se trata de la alimentación, y más sentido común

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